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La campaña electoral para las elecciones presidenciales en Venezuela ha empezado con oscuras y sucias artimañas hacia los candidatos opositores a Hugo Chávez. Al gobernador de Miranda, Henrique Capriles Radonski, los principales medios de comunicación del Estado lo acusaron de judío y homosexual como si fueran dos condicionantes que lo descalificaran para ejercer cargo público. En un artículo titulado “El enemigo es el sionismo”, Radio Nacional de Venezuela presenta al candidato opositor como descendiente de una familia de judíos sefardíes de Curazao y de una judía ruso-polaca y lo acusa de haber trabajado para empresas “vinculadas a los intereses de la burguesía sionista”.
Da escalofríos, y mucha pena. Como si fuera poco, en Twitter, el funcionario Enrique Remlawi, director de Asuntos Estatales del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería, retuiteó un mensaje que decía: “Los Malditos Judíos deberían agradecer a Hitler que gracias a él Hoy en día tienen esa puta matriz de opinión donde se hacen llamar Víctimas”. No lo echaron del gobierno, y sigue tuiteando.
El programa “La hojilla”, que sale al aire por la televisión estatal venezolana (VTV), reveló que el 7 de mayo de 2000, el político había sido “aprehendido en flagrancia” por la policía “cometiendo actos inmorales”. Según el acta policial, Capriles se encontraba en un auto BMW practicándole sexo oral a otro hombre.
No es la primera vez que la sexualidad de Capriles es usada en su contra por dirigentes oficialistas. En un acto del PSUV, transmitido por la televisión oficial, un dirigente chavista acusaba al gobernador de Miranda de “sinvergüenza, traidor, fascista, chorro, ladrón y homosexual”.
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